Dos espinas clavan en aquel trozo de piel.
Hay una que duele más que la otra.
Hay una es causa más angustia que la otra.
Una de esas espinas hace que el dolor se expanda a otros.
La otra en cambio es más personal pero no por eso es la menos dolorosa.
Hay una espina que puede llegar a ser más visible, la otra solo fue vista una vez.
Una de estas espinas será recordada para toda la vida y marcará un antes y un despues.
La otra servirá para que la vida de una de esa lecciones que cuesta aprender pero que son indiscutivamente necesarias.
Ambas espinas seguirán clavadas en aquel trozo de piel, al menos por ahora, el problema es que una de ellas no podrá ser sacada ni olvidada jamás.
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